CULTURA INCLUSIVA

 



  Por otro la cultura inclusiva de una institución educativa se ve influenciada por las creencias y valores compartidos por sus miembros, los cuales guían sus comportamientos. Según la investigación, las actitudes y percepciones de la comunidad hacia la educación inclusiva son clave para el éxito de la inclusión en ese entorno específico.


    Palabras clave: Discapacidad; cultura inclusiva; prácticas inclusivas; inclusión escolar; índice de inclusión.

        La inclusión de personas con discapacidad en diferentes espacios e instituciones sociales se encuentra en el centro de las agendas públicas (Fawcett, 2016). El interés por esta población se deriva de los avances que han hecho diversos movimientos sociales y académicos que buscan visibilizar los procesos de exclusión y marginalización que frecuentemente viven (Mertens, Sullivan, & Stace, 2011).

        De esta manera, el modelo social de la discapacidad quiere resaltar que, si bien una alteración en el funcionamiento puede generar restricciones personales, la discapacidad se crea por la interconexión de barreras culturales, políticas, sociales y contextuales que resultan hostiles (Oliver & Barnes, 2010).

      Así mismo, el modelo se relaciona con la propuesta de los estudios de niños con discapacidad (Curran & Runswick-Cole, 2014), en los cuales se propone no sólo analizar las barreras estructurales ligadas a la discapacidad, sino la posibilidad de agencia de ellos en sus diferentes contextos y las voces de las personas involucradas. Este acercamiento es crítico frente a la idea de normalización y, por el contrario, privilegia las particularidades locales e individuales como fuente primaria de análisis.

    De igual modo, este estudio incluye a los diferentes actores del contexto educativo, lo cual resulta indispensable y novedoso. Es frecuente que los estudios acerca de inclusión se centren sólo en algunos actores, como niños sin discapacidad (Skär, 2010), madres cuidadoras (Ryan & Runswick-Cole, 2008) o familias de niños con discapacidad (Connors & Stalker, 2010), y no reconocen a la institución educativa como un conjunto de personas que interactúan entre sí, lo cual fragmenta la comprensión profunda de este fenómeno. De la misma manera, el estudio presenta resultados desde dos enfoques investigativos complementarios, cuantitativo y cualitativo, lo cual permite analizar el fenómeno de la inclusión desde acercamientos diferentes.

       Teniendo en cuenta que el concepto de discapacidad está ligado a las barreras estructurales (Mertens et al., 2011), es importante examinarlo en el contexto educativo: se debe identificar si las dificultades personales se convierten o son entendidas como una discapacidad. De forma coherente, Ainscow, Booth y Dyson (2006) definen la educación inclusiva como un proceso de mejora sistemático que deben enfrentar las instituciones con el fin de eliminar las barreras que limitan la presencia, el aprendizaje y la participación del estudiante.

La integración de personas con discapacidad en distintos entornos y estructuras sociales es un tema central en las agendas públicas. Este interés surge de los avances logrados por movimientos sociales y académicos que buscan poner de manifiesto los procesos de exclusión y marginación que estas personas a menudo experimentan.

El modelo social de la discapacidad destaca que, aunque una alteración en el funcionamiento puede generar limitaciones personales, la discapacidad surge de la interacción de barreras culturales, políticas, sociales y contextuales que resultan desfavorables.

Este enfoque se alinea con la propuesta de los estudios sobre niños con discapacidad, los cuales no solo buscan analizar las barreras estructurales asociadas a la discapacidad, sino también explorar la capacidad de estos niños para actuar en sus diversos contextos y dar voz a las personas involucradas. Este enfoque cuestiona la idea de normalización y, en cambio, valora las particularidades locales e individuales como fuente principal de análisis.

Además, el estudio aborda la inclusión de personas con discapacidad en el contexto educativo, destacando la importancia de considerar a todos los actores involucrados en lugar de centrarse solo en ciertos grupos, como niños sin discapacidad, madres cuidadoras o familias de niños con discapacidad. Esto contrasta con enfoques más limitados que no reconocen a la institución educativa como un conjunto interconectado de individuos, lo cual puede limitar la comprensión profunda del fenómeno de la inclusión.

Por último, se menciona la necesidad de examinar el concepto de discapacidad en el contexto educativo, identificando si las dificultades personales se interpretan como discapacidad. En línea con esto, se destaca la definición de la educación inclusiva como un proceso de mejora sistemática que las instituciones deben emprender para eliminar las barreras que afectan la presencia, el aprendizaje y la participación de los estudiantes.


Con una cultura inclusiva, se crean entornos socialmente enriquecedores que fomentan el aprendizaje y destacan la convivencia, el aprendizaje y la proyección hacia otros grupos. Esta cultura prohíbe prácticas discriminatorias, valora las diferencias como un enfoque socialmente equitativo en la educación y reconoce los aprendizajes, culturas y comunidades. En resumen, la cultura inclusiva es una parte integral de la educación inclusiva y está fuertemente influenciada por la calidad de las relaciones afectivas, según lo señalado por Molina (2015).

La inclusión se ve como un proceso que debe satisfacer las necesidades de la institución educativa en términos de integrar a todos los estudiantes, al mismo tiempo que reconoce las demandas educativas de la comunidad a la que está destinada. Este enfoque considera los principios de la escuela inclusiva y la diversidad, apreciando y aceptando a cada estudiante por sus cualidades, sin ningún tipo de discriminación (Castillo, 201.6).





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